Nuestra experiencia nos ha enseñado, una y otra vez, que el principal obstáculo casi nunca es la falta de ideas. Lo que suele faltar es compromiso una vez terminan los aplausos.
Hace unas semanas regresamos a El Cabrero, una comunidad ubicada en Ciudad Bolívar, Antioquia (Colombia), donde uno de los equipos de emprendedores de nuestro Hackathon 2024 instaló un humedal construido para el tratamiento de aguas residuales, una solución basada en la naturaleza adaptada a las condiciones reales del territorio. Un año después, el sistema sigue funcionando y ya ha completado su primer ciclo de mantenimiento. Esto no habría sido posible sin la participación activa del prestador local de servicios de agua y de la comunidad, quienes asumieron responsabilidades específicas para garantizar la continuidad de la solución.
Así es como se ve la innovación abierta cuando realmente echa raíces. Y eso nos lleva a preguntarnos: ¿por qué esto no ocurre en todos los casos?
Sabemos que los recursos son limitados y que las exigencias de la operación diaria absorben una parte importante del tiempo, el personal y la atención de los prestadores de servicios. Esa es una limitación real, y la entendemos. Tampoco esperamos que un prestador de servicios financie por sí solo todo el proceso o asuma riesgos desproporcionados. Pero sí esperamos que se involucre, designe a las personas responsables, haga suyo lo que se construyó de manera conjunta y, si la solución funciona, esté dispuesto a movilizar recursos para adoptarla y escalarla.
La cooperación internacional y otros socios suelen financiar el desarrollo y la validación de las soluciones. Sin embargo, cuando llega el momento de destinar recursos propios para mantenerlas, adquirirlas o implementarlas a mayor escala, muchas soluciones que ya han demostrado su valor no logran avanzar. Un piloto puede ser exitoso y, aun así, no generar un cambio duradero.
Por eso, el compromiso no puede discutirse únicamente después del piloto. Desde el principio debe existir una conversación clara sobre qué ocurrirá si la solución funciona: quién será responsable de operarla, cómo se financiará su continuidad, qué mecanismos permitirán su adquisición y cuál será la ruta para escalarla. La innovación abierta no consiste simplemente en recibir tecnologías gratuitas para ponerlas a prueba; consiste en construir soluciones que puedan ser adoptadas.
El talento existe. Las soluciones existen. Las comunidades que necesitan mejores condiciones de agua y saneamiento ya han esperado demasiado tiempo. También existen prestadores de servicios y comunidades que están demostrando que sí es posible convertir un piloto en una transformación sostenible. Cuando cada actor asume su responsabilidad desde el inicio, aportando conocimiento, tiempo, recursos y capacidad de decisión, la innovación deja de ser una experiencia temporal para convertirse en una solución que perdura. Y es entonces cuando, finalmente, todos ganan.